Cruce de caminos del Morocar, el Megane de Diego y Sergio a la salida de un pueblo, para llegar momentos antes de que el granizo y la tormenta inaugurasen la tarde-noche en el Hotel La Montaña de Triollo. Dos cervezas en la mano nada más entrar y una comunión. Una niña que se obsesiona con nosotros y nos filma y fotografía (me sentí como una gran estrella del rock, pero extrañaba a mi compañera de las Underground).

Bailes, karaoke, pasodobles y un Armando que dice haber pillado enseguida los pasos de la jota castellana (nada más lejos de la realidad!). May cantando La Chica de ayer y Amaral, por supuesto, en un dueto inolvidable, la punkie (yo, mismamente) y la encarnación de Bunbury (Armando). Moro que sorprende con una sesión de aerobic que nos "deja parados" y un reto con los segovianos del que, como era de esperar, salimos victoriosos los más crápulas. No sabían a quiénes se estaban enfrentando y, aunque hubo varias bajas a lo largo de la noche, Armando, Sergio, May y la menda lerenda, representantes del equipo palentino, nos convertimos en algunos de los titanes de la noche, junto con Callejas y otros representantes del equipo anfitrión.


Fuegos artificiales y un coche que no petó de milagro y que aún nadie sabe de quién era, aunque el aguilarense se pasara la noche entera consolándome por la casi pérdida de mi "cuatro ruedas". Pocos entrenamientos de cobra, debido a la ingente cantidad de cervezas y copas que pasaron por la barra. Y sin embargo, deporte de riesgo con un "trineo" en la cuesta lateral del hotel que terminó con algunas lesiones de poca importancia. Y un perro que tampoco era mío, pero a mi cargo, que digo un perro, otros más que me acompañaron de madrugada y de mañana, esperando una adopción inminente, porque cumplían dos de las condiciones para ser perro de punkie: pulgosos y vagabundos.
Tejadillos, malabares y fotografías de madrugada y una May desatada que me enviaba de misiones a las habitaciones de los chicos (porque, efectivamente hubo una separación estilo campamento por orden del jefe-Callejas), misiones de quinceañera con el fin de complicar lo que era sumamente fácil. Paseos por los pasillos del hotel. Risas. Y un par de horas de descanso.

Al despertar, una llamada inesperada, salto de la cama, más paseos por los pasillos y por el pueblo, lluvia y rumbo a casa.
En el hotel quedaron otros titanes que devoraron a mediodía todo lo que se les puso al alcance, solomillos, patatas, piernas y codos. Pero, aunque se resistieran, finalmente, se acercó la triste vuelta a casa, saludando al Cristo a la llegada, como es costumbre establecida.
Atrás quedaron Lolitas, champagne al desyauno, premios y momentos estelares que, si se me permite habré olvidado. Pido por ello vuestra ayuda para completar la crónica de una reportera que, acéptese la reclamación, no vio chori-carpa por ninguna parte ;)
5 comentarios:
Jo, llevaba todos estos días esperando la crónica, me encanta, casi parecía que estaba allí... Y creo que en mi cabeza estaba un poco allí, un poco en las fiestas de Villamuriel en vez de acampando en unas dunas al lado del pacífico...
Qué pelo más largo tiene Raúl y que gordo está.... jajajajaja
Besazos a todos!
Miss youuuuuu!!!
Bravo, Bravo, Bravooooooo¡¡¡ Ole, ole ,oleeeee¡¡¡ te quiero
¡y ahora a organizar el Triollo Post-summer festival! o cualquier cosa que implique fiesta... o en vez del post-summer, el summer, que así estamos juntas las Underground ¿no?
Habrá que empezar a pensar, que como dice Sergio, nadie me vence a ganas de fiestaaaaa
Zoom, zoom.... de vicio la narración. los momentos estelares están todos, pero se da poca importancia al "hacer el tejadillo" jajajjajaj, por ciero, en San Pedro ......
Lo del tejadillo no fue nada importante, lo que sí olvidé fu el premio a la Titan Woman of the Night, a May, que aguanto como la que más y aun quería fiesta!
Publicar un comentario