Cuenta la leyenda que hace muchos, muchos años, había en la ciudad de Palencia un fraile muy borracho del que todo el mundo había olvidado ya el nombre, y al que denominaban cariñosamente Alcoholín.
Probablemente debido a la ingente cantidad de alcohol que solía beber al día, el papel de este feliciano no era otro que ser el típico personaje gracioso, y pintoresco que cada ciudad que se precie tiene (dependiendo del caché de la ciudad pueden ser más o menos, pero de esto ya hablaremos en otra ocasión), puesto que en el convento ya habían decidido que dejara de oficiar cualquier acto religioso.
Alcoholín se sentía un poco mal ante este desplazamiento, pero como buena persona que era, sabía que el momento de hacer la mayor buena acción por amor no había llegado aún, y que cualquier persona, independientemente de su sexo, religión y estado de ebriedad podía hacer milagros.
Y los años fueron pasando, la ciudad prosperó, y un dos de septiembre tras levantarse con la resaca de haber celebrado la fiesta del patrón el día anterior, y con la ciudad aún dormida descansando también de la juerga, oyó un ruido extraño, como de alguien que se cae a una gran masa de agua.
Alcoholín miró por todas partes, ¿agua? el río estaba lejos... como no fuera... sí, ahí había una gran cuba llena de vino. Probablemente había pasado desapercibida para las gentes de la ciudad y no se la habían bebido (cosa extraña sabiendo lo borrachos que son los palentinos, además de finos por supuesto) pero... ¿qué se iba a haber caído ahí?
Nuestro simpático fraile se acercó y al fondo vio un niño ahogándose, intentó rescatarlo pero sus brazos no le llegaban, así que ni corto ni perezoso abrió el grifo y comenzó a beber y beber, y beber y beber, hasta que el niño hizo pie y no se ahogó.
¡había salvado a un niño de una muerte ebria! cuando estaba terminando el barril la gente estaba saliendo de sus casa y al verle fueron corriendo.
¡alcoholín ha salvado a un niño! ¡alcoholín es un héroe! Alcoholín...
y Desde entonces la fiesta de SAn Antolín cambió su nombre por la de San Alcoholín, un santo con el que todos se sentían mucho más identificados...
¡Feliz dos de septiembre!
3 comentarios:
Desde luego que el antibiótico te ha dejado tocada!
¿Pero seguro que no vive aún y tiene un bar junto a una gran iglesia de la ciudad?
Algunos dicen que en San Alcoholín su espíritu vuelve para ayudar a todos los borrachines de fiestas a hacer buenas acciones... pero no es seguro...
El de la iglesia... quién sabe, puede que sea algún pariente jeje
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